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Promocion Roberto Beckman 74
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Queridos amigos y compañeros de la Promocion Beckman 74: Con todo gusto agradezco la invitación de escribirles estas líneas al inaugurar la pagina web de la promoción, que responde a los deseos y sentimientos de cada uno de nosotros y así seguir ahondando esta amistad que nos une y vincula estrechamente desde hace muchos años. Recuerdo muy bien el año 1973, ustedes alumnos de 4º de secundaria y a mí me designaron ser su tutor y profesor de religión y educación cívica. El Colegio celebraba sus 75 años de creación tratando de ser fieles a la tradición formativa de la Compañía de Jesús y deseando responder a los retos, desafíos y urgencias de nuestro Perú, abiertos a una visión universal, pero desde una perspectiva de justicia, desde las necesidades y esperanzas de los pobres. En este mismo año se realizó en España un Congreso Mundial de Exalumnos, y el P. Pedro Arrupe, Padre General de la Compañía, pronunció un discurso que nos motivó y alentó mucho en el espíritu y práctica de la formación en el Colegio y que hoy sigue vigente: "Nuestra meta y objetivo educativo es pues formar hombres que no vivan para sí, sino para Dios y para su Cristo, para Aquel que por nosotros murió y resucitó: hombres para los demás, es decir, que no conciban el amor a Dios sin el amor al hombre; un amor eficaz que tiene como primer postulado la justicia. Este amor es además la única garantía de que nuestro amor a Dios no es una farsa o incluso un ropaje farisaico que oculte nuestro egoísmo. Toda la Escritura nos advierte de esta unión entre el amor a Dios y el amor eficaz al hermano". Hoy, 30 años después, veo en ustedes con toda sinceridad estos rasgos fundamentales de hombres para los demás, hombres solidarios, preocupados por crecer en amistad y compañerismo auténtico, buscando formas y maneras permanentes de solidaridad (becas de estudio para quien mas la necesite), visitando y apoyando a compañeros enfermos (Richard Gygax), apoyando en los momentos tristes de muertes que sentimos prematuras (Eduardo Mercado y Richard Gigax) a sus familias, pero al mismo tiempo y sobre todo asumiendo desde el don de la fe que la vida es regalo de Dios y que estamos en sus manos compasivas y cariñosas, en camino a nuestra patria definitiva donde ya no habrá ni dolor, ni luto, ni llanto, sino alegría y paz en el Señor, hombres pues de oración y unidos en la oración junto con sus esposas e hijos (sus propios testimonios en los correos enviados). Señal clara de oración solidaria ha sido tambien el recordar en las Eucaristías celebradas a nuestros compañeros fallecidos anteriormente (Francisco Delgado, Gonzalo Aranzaens, Fernando Rodriguez y Manuel Rondon). Hemos sido formados dentro de este espíritu y tradición jesuita, es decir, formados para ser hombres que sean conscientes de su compromiso de servicio a los demás, conscientes de que sus propios talentos, los dones que hemos recibido gratuitamente de Dios, no son ante todo para nosotros mismos, sino para la comunidad humana y para el país. Hoy en varios países están presentando "La Pasión de Cristo", muchos quedan removidos y conmovidos por escenas de la pasión que ocurrieron durante las últimas doce horas de Cristo entregando su vida por amor a cada uno de nosotros. Los expectadores guardan silencio, lloran, sienten compasión,...pero todo esto será auténtico tanto - cuanto nos lleve a Dios, a vivir en el seguimiento de Jesucristo y a comprometernos con esos rostros humanos y queridos de Jesús: tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, no tenía casa y me alojaste,...estaba sin trabajo y me ayudaste a encontrarlo, estaba deprimido y me escuchaste permaneciendo a mi lado, estaba sufriendo en la cruz de cada día y me ayudaste a llevarla a cuestas, me atropellaron en mi dignidad y me defendiste arriesgando tu propia vida... La Pasión de Cristo continúa, no termina en la proyección de una película en la sala de cine. La verdad de la pasión exige no sólo una devoción al crucificado, sino sobre todo nos exige ser solidarios con los que hoy viven en su carne y completan la pasión de Jesus. No es verdaderamente cristiano el que se contenta con mirar al crucificado y exclamar piadosamente "cuánto sufrió". Cristiano es el que realmente se acerca y al menos intenta con todas sus fuerzas darle de beber. Sigamos tratando de responder al llamado de Jesús y a las exigencias siempre actuales del evangelio...seamos lo que estamos llamados a ser: hombres para los demás, solidarios de todos y en especial de aquellos que por diversas circunstancias mas sufren o mas necesitan de nuestra generosa entrega. Seamos también constructores o artífices de una cultura de solidaridad, de una cultura de paz, de una cultura de justicia y dignidad para todos, de un Peru fraterno, justo, reconciliado y unido en el amor y la verdad. Con aprecio y gratitud
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